Cuaderno de Señales

Cómo entender sensaciones físicas al intentar conectar con seres queridos

2026.07.19
Clarsentiencia y sensaciones físicas al intentar conectar con seres queridos

Salgo del turno de la noche un viernes y me quedo parada frente al reloj de la sala, sin registrar qué hora marca, todavía con el olor de la clínica pegado a la ropa. No sé cuánto tiempo llevo ahí. Lo que sé es que algo bajó por los hombros hace un momento, una de esas sensaciones físicas que no tienen explicación clínica, y en vez de sentarme a llorar como otras veces, agarré el cuaderno verde para anotarlo antes de que se me fuera.

Duelo y sensaciones físicas van juntos más de lo que cualquier curso te explica al principio. A mí me tomó tiempo aceptar que el cuerpo avisa antes que la cabeza entienda nada — un frío que no viene del clima, un calor que no tiene fiebre detrás. Desde que mamá no está, cuando alguien me pregunta cómo saber si algo así fue una señal o solo cansancio, la respuesta corta es que no hay una respuesta corta. Por eso prefiero ir pregunta por pregunta, como me las hacen a mí.

Mujer tocándose la nuca tras un escalofrío repentino, una sensación física ligada al duelo

Lo primero que aprendí sobre la clarsentiencia

La clarsentiencia es sentir en el cuerpo algo que no puedes ver ni explicar del todo — lo escuché por primera vez en uno de los módulos del curso de mediumnidad para principiantes que llevo online, y calzaba con lo que ya me pasaba antes de ponerle nombre. No es escuchar voces ni ver figuras, según entiendo: es una presión en el hombro, un cambio de temperatura, un vacío en el estómago que aparece sin causa aparente.

Como técnica de enfermería, mi primer instinto siempre es buscar el síntoma. Si me duele el pecho pienso en la presión arterial, si me hormiguean las manos pienso en la circulación. El problema es que hay sensaciones que no encajan en ningún libro de medicina que haya leído, y ahí es donde el cuaderno verde entra — no para diagnosticar, sino para anotar lo que todavía no tiene nombre.

Cuaderno verde con notas manuscritas sobre sensaciones físicas y señales

Cómo se siente exactamente

Cruzando el Puente Grau hace unas semanas, de vuelta a Yanahuara después de un trámite en el centro, me agarró un escalofrío que subió por la nuca sin que hiciera frío ese día. No fue el viento del río. Me paré un segundo, dejé que pasara, y seguí caminando con la pregunta de siempre: ¿esto es algo o es que estoy cansada?

El hormigueo en la nuca, la presión suave en el hombro, el calor repentino en las palmas: son las tres formas más comunes que me describen las personas que me escriben. Ninguna viene con angustia cuando es real, según lo que he ido notando en mí misma. Cuando se siente urgente, cuando el corazón se acelera de golpe, ahí sospecho más del sistema nervioso que de una visita.

Distinguir la señal del cansancio del turno

Trabajar turnos de doce horas complica todo esto, porque el cuerpo cansado también manda señales falsas. Con el tiempo armé una manera de revisar lo que siento antes de anotarlo como algo más: primero lo describo sin ponerle nombre, calor en la mejilla derecha, no "un beso"; después reviso lo físico obvio, si hay una ventana abierta, si tomé demasiado café, si vengo de una guardia larga; y solo al final me pregunto qué sentí en el pecho justo antes de la sensación.

Una noche caminando por el pasillo de la clínica sentí un calor fuerte en las palmas, sin fiebre, sin haber tocado nada caliente. Fui a buscar el termómetro antes que nada — así soy, primero descarto, después me permito preguntarme otra cosa. Si después de todo ese proceso queda un residuo que no se explica, ahí sí lo anoto distinto en el cuaderno. Si alguna vez te pasa algo parecido y quieres entender mejor saber si eres médium o simplemente una persona sensible, ese es un buen punto de partida, aunque no soy quién para darte un diagnóstico de ningún tipo.

Estetoscopio y registros médicos en un pasillo de clínica durante el turno de noche Manos abiertas percibiendo un calor inexplicable, una forma de clarsentiencia

La ansiedad del duelo también genera sensaciones

Cuando uno está desesperado por recibir algo, el cuerpo entra en un estado de alerta que confunde cualquier roce de ropa con una caricia. Esto no le quita valor a lo que sentimos, pero sí hay que nombrarlo: el sistema nervioso bajo la presión del duelo genera sus propias señales, y no todas apuntan hacia afuera.

Respiro profundo cuando algo se siente muy fuerte. Si la sensación se queda después de calmar la respiración, la anoto como distinta. Si se va apenas me relajo, asumo que era mi propio cuerpo pidiendo un descanso, no un mensaje de nadie.

Preguntas que me hacen sobre otras señales

Cada cierto tiempo me llegan preguntas que no son exactamente sobre sensaciones físicas, y prefiero ser clara sobre dónde termina este tema: si sueñas con alguien en el mismo lugar varias noches seguidas, esa es una pregunta distinta, con su propia respuesta, igual que si un objeto se cae sin explicación o si de pronto sientes un perfume conocido en una habitación vacía. Clarita, una lectora que me escribió desde Oaxaca, me preguntó una vez justamente por un sueño repetido con su mamá, y hasta ahora seguimos escribiéndonos cada cierto tiempo — nunca me ha dicho si cree en esto o no, y yo tampoco se lo he preguntado.

Despertarse sintiendo una presencia en la habitación es otra pregunta aparte, y también lo es cómo distinguir una señal real de la propia imaginación cuando el duelo está fresco. Cada una merece su propio espacio, no una respuesta apurada metida entre otras cosas. Encontrar plumas blancas tras la muerte de un ser querido en lugares imposibles, por ejemplo, es de esas cosas que la gente me cuenta seguido, y aunque no la profundizo aquí, sí puedo decir que el cuerpo suele reaccionar a esos hallazgos con una calma que el estrés normal no produce.

Banco vacío frente a un volcán al atardecer, una imagen de calma durante el duelo

Lo que probé y no funcionó

Fui a misa todos los domingos durante un tiempo, como hacía mi papá, pensando que el ritual me iba a traer alguna claridad sobre todo esto. No funcionó, o no de la forma que esperaba: salía de la iglesia con la misma pregunta con la que había entrado, y a veces con más culpa que antes, como si notar sensaciones y sentarme en una banca de iglesia fueran dos cosas que no debían mezclarse. La tensión entre la fe con la que crecí y lo que ahora anoto en el cuaderno verde sigue sin resolverse del todo, y creo que está bien dejarlo así.

Forzar la sensación tampoco sirve de mucho: las veces que me siento a "intentarlo" a propósito, concentrada, buscando algo específico, lo que noto se parece demasiado a lo que estaba esperando encontrar — y eso, para mí, es la señal más sospechosa de todas.

Si vale la pena escribirlo todo

El cuaderno verde sigue ahí, en el velador, casi todas las noches después del turno. No es un diario perfecto ni ordenado — hay páginas con solo una palabra, "frío" o "peso", nada más —, pero llevar este registro ayuda más de lo que pensé al principio, aunque no siempre sepa para qué sirve exactamente.

Se lo conté una sola vez a alguien del trabajo, a Azucena, mi compañera de turno, y no porque necesitara que me creyera, sino porque sabía que no iba a andar repitiéndolo por ahí — guarda los secretos con una seriedad que a veces hasta me sorprende. El tarot lo uso poco y solo como ejercicio de intuición personal, nunca para predecir nada, y eso también entra al cuaderno cuando lo hago.

Con lo que me quedo

Entender las sensaciones físicas no es una ciencia exacta, y creo que dejará de serlo siempre. La conexión espiritual, si es que existe, no llega con instrucciones: llega en pedazos, un hormigueo aquí, un calor ahí, y una pregunta que no siempre se cierra. Sigo trabajando mis turnos, sigo escribiendo, y sigo sin tener todas las respuestas.

Si alguna de estas sensaciones te abruma, habla con alguien, busca un grupo de apoyo o conversa con un psicólogo — el duelo se camina más liviano acompañada. Yo me quedo con el cuaderno abierto, esperando ver qué dice el cuerpo la próxima vez que algo baje por la nuca sin avisar.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.