
Un colibrí bate las alas ochenta veces por segundo, tan rápido que el ojo solo alcanza a distinguir un destello verde suspendido en el aire. Ese dato biológico no explica por qué, para tantas personas en duelo, ver uno justo después de una pérdida se siente como una señal de comunicación espiritual y no como una simple coincidencia. No tengo una respuesta cerrada, pero llevo tiempo anotando estos momentos en mi cuaderno verde, pensando la intuición personal desde la cultura andina y desde mi trabajo como enfermera.
Antes de seguir, una aclaración corta: en este blog comparto enlaces de afiliado de Hotmart. Si te matriculas en alguno de los cursos que menciono, yo recibo una comisión, sin que a ti te cueste un sol más. Menciono solo los cursos en los que me inscribí yo misma, buscando entender lo que me pasaba, no como catálogo ni como ranking de opciones.
Lo que la ciencia dice del colibrí (y lo que no explica)
Como asistente de enfermería, mi cabeza está entrenada para los datos concretos. Sé que el corazón de un colibrí puede llegar a las 1200 pulsaciones por minuto cuando está en pleno vuelo, y que pasa buena parte del día buscando néctar de flor en flor, casi sin detenerse. Es una máquina biológica precisa, no un mensajero con intenciones. Esa explicación me tranquiliza a ratos.
Pero la explicación biológica responde al cómo, no al por qué justo ese pájaro, justo esa mañana, justo cuando yo pensaba en mamá. La ciencia describe el mecanismo del ave; no dice nada sobre la coincidencia de tiempo que deja a alguien con la piel erizada. Ahí es donde la biología se queda corta y donde empieza la pregunta que de verdad me interesa.
La costumbre de anotar lo que no puedo explicar
Empecé a anotar estos momentos en mi cuaderno verde sin saber muy bien qué buscaba. Antes de este proceso ya había probado el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales, que me sirvió para ponerle nombre a ciertas sensaciones, aunque no tocaba directamente la pregunta del duelo. Después entré al curso Medium Certificado + Avanzado, buscando algo que fuera más allá de la lectura de cartas: quería entender la diferencia entre una coincidencia biológica y lo que algunos llaman una sincronía.
Una de las lecciones habla de los llamados fenómenos de comunicación después de la muerte, donde los animales pequeños aparecen como vehículo frecuente por su alta vibración. La calificación promedio del curso es de 4.1, y lo que más rescato no es el contenido en sí, sino que también insiste en mirar la otra cara: la proyección psicológica. Ya había leído, en otro momento, sobre los beneficios de llevar un diario de señales de seres queridos fallecidos, y esa costumbre de escribir la hora, el clima y lo que sentí es, hasta ahora, la herramienta que más me ayuda a separar el hecho de mi propio deseo.
¿Por qué el colibrí y no otro pájaro? Cosmovisión andina y duelo
Aquí en Arequipa la fe de mi padre y las historias que quedaron de mis abuelos conviven sin pelearse demasiado. En la cosmovisión andina, el colibrí no es un pájaro cualquiera: es mensajero entre el mundo de los vivos y el de los que ya partieron, la señal de que el tránsito fue tranquilo. Mi padre, católico de misa dominical, tiene su propia forma de nombrar lo mismo, y hace tiempo dejé de necesitar que las dos versiones coincidan.
Salgo a caminar bajo los eucaliptos del Parque Selva Alegre, cerca del río Chili, cuando el turno me deja un rato libre, y ahí también los he visto: colibríes yendo de flor en flor sin ningún apuro, ajenos a que alguien los mira con el pecho apretado. La tanatología moderna usa mucho la observación de aves como ejercicio de presencia, casi un mindfulness forzado por las circunstancias: te obliga a quedarte quieta, a mirar el brillo verde metálico de las plumas en vez de dar vueltas al duelo entero en la cabeza.
Cómo pienso, sin certeza, la diferencia entre señal y proyección
Hay quienes han escrito guías completas sobre cómo distinguir una señal real de la imaginación; yo no tengo esa fórmula y prefiero no improvisarla aquí. Lo que sí puedo compartir es lo que me costó aprender por las malas: guardar toda la ropa y las cosas de mamá en cajas, para no verlas, no me quitó el peso del duelo. Solo lo cambió de lugar. Tarde o temprano tuve que volver a abrir esas cajas, y el trabajo pendiente seguía intacto adentro.
Rosinda, una lectora de Miraflores que me escribe de vez en cuando, me preguntó sin rodeos si un colibrí podía significar que la persona que ella extraña está en paz. No le di una respuesta cerrada, porque no la tengo. Le dije lo que pienso ahora: que obsesionarse con que cada pájaro sea un mensaje puede ser, en el fondo, una forma de no soltar del todo, de mantener a la persona a medio camino entre el aquí y el allá para no enfrentar el vacío completo. El Medium Certificado + Avanzado ofrece cierta estructura para pensar esto, pero conviene recordar que no soy terapeuta ni médium profesional: solo una enfermera que sigue llorando algunos días en el vestidor de la clínica.
Cuando dejar de buscar se vuelve el verdadero descanso
Perpetua Flores, con quien coincidí en el chat del primer módulo del curso, me mandó hace poco un audio contándome que a ella también se le apareció un colibrí esa semana, junto a su ventana. Se rió de su propia duda antes de que yo tuviera que señalar nada, como hace siempre. Colgué el teléfono y caminé unos pasos por el pasillo de la casa, medias gruesas contra las baldosas heladas de la madrugada. Ese frío puntual en la planta de los pies despeja más que cualquier alarma. Pensé que esa risa de Perpetua es, quizás, más sana que cualquier certeza que yo pudiera darle.
El día que por fin vacié el armario de mamá y doblé su ropa con las manos firmes, con una taza de té enfriándose mientras miraba hacia el Misti, no sentí que la estaba borrando. Sentí, más bien, que por fin podía guardar algo sin que doliera tanto. No hubo colibrí ese día, ni lo necesité. Sigo ordenando estas ideas en cuaderno-de-senales.pages.dev, mi rincón para pensar en voz baja sin que mi hermana se preocupe ni mi padre me lleve a hablar con el párroco.
Quizás el significado de ver un colibrí después de una muerte no sea un mensaje con palabras, sino la invitación a bajar el ritmo un segundo. No necesita comprobarse en un laboratorio para cumplir su función: si te da un respiro mientras caminas, si te permite sonreír aunque sea un poco, ya hizo su trabajo, sea eso una visita del alma o un mecanismo que tu propia mente inventó para sobrevivir a la tristeza.
Si atraviesas algo parecido, también he escrito sobre el significado espiritual de que se caigan cosas sin explicación física y sobre mi experiencia con un curso de mediumnidad online para principiantes. No busco convencerte de una verdad final, solo que no te sientas tan sola buscando la tuya.
Para quien quiera una guía más estructurada para pensar estas sensaciones sin perder el piso, el curso que a mí me dio un marco de referencia fue el Medium Certificado + Avanzado. No fue barato ni fácil de pagar, pero me dejó las preguntas correctas, que a veces valen más que las respuestas.