Cuaderno de Señales

Qué significa ver mariquitas de forma recurrente tras una pérdida familiar

2026.10.06
Mariquita roja sobre piedra blanca de sillar, señal de duelo tras una pérdida familiar

No sé cuántas mariquitas tienen que aparecer para que dejen de ser casualidad y se conviertan en señal. Me lo pregunto desde que la primera se posó sobre mi cuaderno verde, meses después de que el cáncer se llevara a mamá, y todavía no tengo un número que me convenza. El duelo no trae tabla de conversión. Tengo, eso sí, un patrón que se repite lo bastante como para anotarlo, y una duda que se repite todavía más.

Antes de seguir, una aclaración necesaria, ya pues. En este cuaderno pongo links de afiliados a Hotmart: si te matriculas en algún curso usando esos links, a mí me llega una comisión y a ti no te cuesta nada extra. Escribo solo sobre los cursos en los que yo misma me metí — no soy médium certificada ni terapeuta de duelo, soy técnica en enfermería con catorce años de pasillos blancos detrás, y esto es un diario, no una guía espiritual.

El mito de que cada mariquita es una señal directa

Pasó en la clínica, una tarde de lluvia de abril, saliendo del turno con la espalda molida. Abrí mi casillero para sacar la casaca y ahí estaba otra: una mariquita caminando por el borde del estetoscopio, justo en el bolsillo donde guardo el equipo. Sentí un escalofrío en la nuca. Qué bestia, pensé, estamos a 2335 metros sobre el nivel del mar, en una ciudad de piedra seca, y el bichito se aparece en el sótano de un hospital. La tentación inmediata, la que seguro conoces si perdiste a alguien hace poco, es decidir ahí mismo que es ella. Yo no lo hice. O no del todo.

Mariquita caminando sobre un estetoscopio dentro de un casillero de clínica, señal durante el duelo

Mi cerebro, después de catorce años de pasillos blancos, busca la lógica antes que el consuelo. Reviso datos: existen unas 6000 especies de Coccinellidae identificadas en el mundo. Es estadística, me digo. Es la temporada. Pero el cuaderno no miente; las fechas coinciden con los momentos de silencio más pesado, los domingos que todavía huelen a la ausencia de mamá, y ahí la estadística deja de alcanzarme.

¿Importa el número de puntos en el caparazón?

Llegué a contar los siete puntos en los élitros de la Coccinella septempunctata, la más común por aquí, como si ahí hubiera un código que mamá dejó antes de irse. Es el mito más fácil de creer y el más engañoso: que el número importa, que hay una cifra escondida esperando ser descifrada. Interpretar números repetidos como señal es un tema que da para su propia entrada — aquí solo digo que a mí, contar puntos, no me trajo paz. Me trajo ansiedad de no contar mal.

Mariquita de siete puntos sobre las páginas de un cuaderno verde de señales de duelo

Aquí me pongo seria, con la voz que uso cuando explico algo en la clínica: para algunas personas, esta búsqueda de señales se vuelve un peso real. En personas con comportamientos obsesivo-compulsivos, el significado espiritual puede confundirse con pensamientos intrusivos y conductas de verificación. Si terminas contando puntos rojos para calmar una ansiedad que no te deja vivir, eso no es mamá, es tu salud pidiendo ayuda profesional, y ningún curso online reemplaza eso. En el módulo de validación de señales del Medium Certificado + Avanzado aprendí algo que no estaba en mis libros de enfermería: la señal no es el objeto, es la emoción que te agarra desprevenida. El curso se llama "Certificado", aunque esa palabra es del vendedor y no una acreditación oficial — otro día entro en ese tema completo.

Antes de eso probé el CURSO DEL TAROT, pensando que podía forzar una respuesta sobre las mariquitas desde ahí. Las cartas me hablaban de estructura, no de la libertad que sentía al ver al insecto — es una herramienta distinta, más rígida para lo que yo buscaba, y entiendo por qué a otras personas sí les funciona para afinar la intuición en otros temas. A mí, entender la mediumnidad como una forma de atención simple me sirvió más: la mariquita no trae mensaje, pero sí obliga a una pausa de un minuto en medio del dolor ajeno para acordarme del olor de la crema de manos de mamá.

Lo que me escribió Rosinda sobre el olor a loción de bebé

Rosinda Chuquihuanca vende en el mercado de San Camilo y me escribió hace un tiempo por un grupo de WhatsApp de duelo. Perdió a su hijo adolescente en un accidente, y quería saber si era normal sentir olor a loción de bebé en lugares donde él nunca había estado. Ella va a misa todos los domingos y no le ve contradicción a preguntar esto también — para ella ambas cosas caben en la misma fe, y la tensión entre la fe y hablar con los muertos durante el duelo es otro tema que merece su propio espacio, no esta entrada.

Mano sosteniendo una taza de café con una mariquita en el borde, señal de duelo cotidiana

A las cuatro de la madrugada, antes de un turno, me llegó entero el olor de la crema de manos de mamá, como si acabara de untársela. No busqué de dónde venía. Anoté la hora y la palabra "crema" en el cuaderno verde; ese olor leve a tinta de lapicero que se pega en las páginas gruesas cuando aprietas el trazo, y volví a dormir, sin resolver si fue señal o si fue mi mente extrañándola justo en el momento en que el cuerpo más lo necesitaba. Llevar ese cuaderno, aunque sea para anotar tres palabras a esa hora, ayuda más de lo que esperaba — es casi el ejercicio completo, no la respuesta. Si te pasa algo parecido, puede interesarte qué significa ver reflejos o sombras blancas en los espejos de casa, otra cosa rara que anoté hace tiempo.

Cómo distingo una pausa real de una búsqueda obsesiva

Con los años encontré tres preguntas que me funcionan mejor que contar puntos rojos. La primera es si la mariquita llegó cuando yo ya estaba buscándola, revisando el borde de la taza, mirando el suelo del paradero, o si me agarró haciendo otra cosa, sin que la llamara. La segunda es si anotarla en el cuaderno me deja en paz o si me hace necesitar encontrar la siguiente enseguida; eso último es la alarma real, más que el insecto. La tercera es si ese día puedo seguir funcionando — trabajar el turno, comer, dormir — o si la búsqueda se come todo lo demás. Ninguna de las tres prueba nada sobre el más allá. Las tres me dicen algo sobre mí.

Probé lo contrario también. Guardé toda la ropa y las cosas de mamá en cajas, pensando que si no las veía, iba a dolerme menos. No funcionó: las cajas seguían ahí, en el pasillo, y yo sabía exactamente qué había dentro de cada una sin necesidad de abrirlas. Las mariquitas, de hecho, no bajaron de frecuencia esa temporada — si acaso, aparecieron más, como si esconder sus cosas no cambiara nada de lo que mi cuerpo seguía buscando.

Callejuela pintada de naranja y rojo en el Monasterio de Santa Catalina, Arequipa, sin mariquitas a la vista

Hay una tarde que recuerdo clara, caminando por las callejuelas del Monasterio de Santa Catalina, esas pintadas de naranja y rojo que cambian de tono según la hora de la luz. No había ninguna mariquita ese día. Solo el color de las paredes y el eco de mis propios pasos en el empedrado. Entendí algo ahí, sin que ningún insecto lo provocara: la del casillero, la de la taza de café, la del cuaderno, ninguna era mamá viniendo a buscarme. Eran puentes. Recordatorios de que mi capacidad de asombro no se murió con ella.

Le mandé un audio a Perpetua esa misma noche. Ella fue mi compañera en el primer curso de mediumnidad que tomé por Hotmart, allá por 2023, y es de las que cree con más firmeza que yo. Para ella no hay vuelta que darle, es mamá, es su hermana, es quien sea que está cruzando. Nunca me presiona para que yo piense igual. Intercambiamos audios algunos domingos, ella desde Guadalajara, yo desde Arequipa, cada una con su propia certeza o su propia duda, y ninguna de las dos necesita convencer a la otra.

Taller de Ángeles, tarot y por qué me quedo con las preguntas sin responder

También pasé por el Taller de Ángeles y Lectura de Cartas Angelicales, un camino más suave. Me ayudó a ponerle palabras bonitas a la pérdida, aunque a veces siento que le falta el peso de lo que vivimos aquí, entre el sillar blanco del centro histórico y el volcán al fondo. Si lo tuyo son los insectos y no los ángeles, puede que te identifiques más con qué significa ver libélulas de forma recurrente durante el duelo personal, otra visita que deja el corazón temblando.

La pregunta de cuántas mariquitas hacen falta para que algo cuente como señal sigue sin respuesta, y creo que se va a quedar así. Lo que sí cambié es dónde pongo la atención: ya no en el bicho, sino en la pausa que me regala. Si buscas algo que te ayude a ordenar este tipo de desorden emocional, el curso Medium Certificado + Avanzado fue el que más me sostuvo cuando sentía que me perdía en las sombras — revisa el precio en su propia página porque cambia, y tómalo como una herramienta más, no como la solución. Lo que importa es que encuentres tu propia forma de decir adiós, sin prisa y con paciencia.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.