Cuaderno de Señales

Qué significa encontrar flores blancas en lugares inesperados tras un duelo

2026.09.10
Qué significa encontrar flores blancas en lugares inesperados tras un duelo

Una tarde gris de finales de octubre, terminando una guardia de 12 horas en la clínica, encontré un pétalo de jazmín blanco pegado a la campana de mi estetoscopio. Qué bestia, pensé. En el vestuario de la clínica no hay plantas, no hay ventanas abiertas, solo el olor a desinfectante y el metal frío de los lockers. Me quedé helada, mirando ese blanco tan puro contra el azul de mi uniforme.

Antes de seguir, quiero decirte algo. En este cuaderno digital hay enlaces de afiliados a Hotmart; si decides matricularte en algún curso que menciono, me dan una comisión sin que a ti te cueste más. Solo hablo de lo que yo misma he estudiado tras mis turnos, como el Medium Certificado + Avanzado, pero no te tomes nada de esto como una verdad absoluta. Este es mi diario, no un manual de psicología ni una guía espiritual. Yo soy técnica en enfermería, no médico ni terapeuta, así que si sientes que el peso es demasiado, por favor busca ayuda profesional en tu hospital local.

El cuaderno verde y la duda de las señales

Tengo 14 años trabajando en salud y sé lo que el cerebro puede hacer cuando está cansado o triste. Desde que mamá se fue en 2021, mi cuaderno verde de lino se ha llenado de estas cosas. Lo abro en mi departamento de Yanahuara, frente al Misti, y anoto: ¿era un pétalo o solo quería que lo fuera? La duda es una sombra constante. Si le digo a mi padre que vi un lirio en el pasillo, rezará un rosario por mi salud mental; si se lo digo a mi hermana, me obligará a tomar vacaciones porque pensará que estoy alucinando.

A veces, la mente nos juega pasadas. Hace unos meses pasé una semana convencida de que un papel blanco tirado en la calle, cerca de la Plaza de Armas, era un pétalo de rosa blanca, hasta que me agaché y vi que era una boleta de farmacia arrugada. Me sentí tonta, ya pues, Inés, me dije. Pero otras veces... otras veces el olor a la crema de manos de mi madre se mezcla con el aroma a café filtrado en mi cocina vacía a las cuatro de la mañana, y no hay boleta de farmacia que explique eso.

Flores blancas en la ciudad de sillar

Vivir en Arequipa es vivir rodeada de piedra blanca. El sillar tiene ese color de paz, pero es seco. Por eso, encontrar flores blancas en lugares urbanos, donde solo hay cemento y asfalto, se siente como un grito en voz baja. A mediados de febrero, empecé a notar un patrón. Aparecían pequeñas flores de azahar en el asiento del bus hacia Yanahuara, o margaritas silvestres en el rincón más seco de mi balcón, justo cuando el silencio en el departamento se volvía insoportable.

Para quienes vivimos en entornos urbanos o industriales, la aparición de una flor blanca no es un evento cotidiano. No es como vivir en el campo. Aquí, la improbabilidad biológica le gana a la casualidad. He aprendido que interpretar estas flores requiere paciencia. No es que mamá me esté mandando un ramo; es que quizás, solo quizás, hay una sincronía que no entiendo. A veces me recuerda a cuando buscaba piedras con forma de corazón, intentando leer el mundo como si fuera un libro.

Buscando respuestas en la pantalla

Después de unos cinco meses de encontrar pétalos en los lugares más absurdos —incluso dentro de mi bolso de la clínica—, decidí que necesitaba estructura. No para volverme vidente, sino para no sentirme loca. Me matriculé en el curso de Hotmart que mencioné antes. Tenía una calificación de 4.1 y me atrajo porque no prometía milagros, sino una comunidad. Estudiar los módulos en mi laptop, con el frío de la madrugada entrando por el balcón, me ayudó a entender que el duelo tiene picos de hipersensibilidad sensorial.

Recuerdo una sesión sobre la diferencia entre proyección y señal real. El curso me costó unos doscientos dólares, que pagué en cuotas con mi sueldo de la clínica, y aunque es caro, me sirvió para validar ese escalofrío seco que me recorre la nuca cada vez que encuentro una mancha blanca que no debería estar ahí. Si te da curiosidad empezar por algo menos denso, el Taller de Ángeles es más económico y ayuda a ponerle nombre a las sensaciones, aunque yo buscaba algo más profundo sobre la mediumnidad.

¿Qué significa realmente?

En la cultura de nuestros Andes, lo blanco es purificación. He leído que encontrar estas flores inesperadas puede significar que el alma de quien se fue ha encontrado su descanso, o que nosotros estamos listos para empezar a soltar la parte más pesada del dolor. Pero en mi cuaderno verde, la respuesta siempre es más sencilla: es un recordatorio de atención.

Una mañana de julio, mientras miraba el Misti desde el Mirador de Yanahuara, en el mismo banco donde soñaba con mamá tres meses seguidos, encontré una flor de papel blanco atrapada entre las piedras. No era natural, era de plástico, vieja y sucia. Y aun así, sentí lo mismo. Entendí que la señal no es la flor en sí, sino el hecho de que me detuve a mirarla. A veces la paz llega así, filtrada por el sillar, como si una estuviera aprendiendo a estudiar mediumnidad de forma profesional sin salir de su propia casa, simplemente observando.

Hoy, 10 de septiembre de 2026, cierro el cuaderno por un rato. No sé si mamá puso ese pétalo en mi estetoscopio el año pasado o si el viento de Arequipa es simplemente caprichoso. Pero al llegar a casa y sentir ese leve aroma a comida familiar en la cocina, elijo creer que las flores blancas son un lenguaje privado. Si tú también las encuentras, no te apresures a buscar un diccionario. Quédate un momento con la sensación, ya pues. A veces, notar es suficiente. Si sientes que necesitas un marco para entenderlo, a mí el curso de Medium Certificado + Avanzado me dio el permiso de no juzgarme por mirar flores en el asfalto.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.