Cuaderno de Señales

Cómo usar el tarot terapéutico para entender las señales del más allá

2026.08.16
Tarot terapéutico y señales del más allá: mazo de cartas para el duelo y la sanación

Diez semanas llevo cargando la misma baraja en la mochila del trabajo, y todavía no sé si el tarot terapéutico es una herramienta real de duelo y sanación o solo una forma más ordenada de hablar sola. Empecé el curso de tarot buscando un lenguaje para las señales del más allá que anoto desde que mamá se fue, no una fórmula para adivinar nada. Ya pues, si algo he aprendido en la clínica es a desconfiar de las respuestas fáciles.

Como asistente de enfermería llevo cinco años acostumbrada a lo medible: la presión arterial, la dosis exacta, el conteo de gotas por minuto. En casa la duda funciona distinto. Después de que el reloj de la cocina cayó solo, sin ninguna explicación, empecé a preguntarme si estaba proyectando mi propio cansancio en cada cosa rara que pasaba a mi alrededor.

Manos sobre una pared de sillar blanco en un balcón de Yanahuara, símbolo del tarot terapéutico

El tarot terapéutico no es para adivinar el futuro

Me inscribí en un módulo de tarot terapéutico sin ganas de saber qué me depara mañana. Para qué, si todavía estoy tratando de entender el ayer. Ya dejé en otra entrada los pasos concretos para usar las cartas como puente hacia la intuición propia; aquí solo cuento lo que pasó cuando empecé a aplicarlos sin exigirles una voz clara del otro lado.

El enfoque terapéutico es distinto al de los videos de videntes que veía por las noches. No se trata de que las cartas hablen por los muertos, sino de que ayuden a bajar el ruido de mi propia cabeza para que, si hay una señal, la pueda escuchar sin el cansancio de por medio.

Mazo de tarot terapéutico junto al cuaderno verde de señales del más allá, sobre una mesa con luz natural

¿Coincidencia o señal? Lo que las cartas confirmaron

Hace unas semanas crucé el Puente Grau de vuelta a Yanahuara después de un turno particularmente largo. Me detuve a medio puente, mirando el río Chili correr abajo, y saqué tres cartas ahí mismo, apoyada en la baranda. La Estrella salió primero. Sentí un escalofrío seco en la nuca, el mismo tipo de escalofrío que ya conozco de otras veces que no sé explicar del todo.

La Estrella habla de esperanza, pero también de una conexión que no necesita palabras. En el tarot terapéutico esa carta me invitó a dejar de buscar una voz clara y a notar la calma en su lugar. No fue una respuesta mágica. Fue una confirmación de algo que ya tenía anotado en el cuaderno verde de semanas anteriores.

Carta La Estrella del tarot terapéutico junto a un reloj de cocina antiguo, imagen de duelo y sanación

A veces queremos mensajes directos: que nos digan qué hacer con la ropa que sigue colgada en el clóset o si hay que vender algo. Pero las señales del más allá suelen ser más discretas, como mi experiencia con plumas blancas tras la muerte de un ser querido, que solo cobran sentido cuando una está en el estado mental adecuado para recibirlas. El tarot me ayudó a llegar a ese estado con menos ansiedad.

La trampa de proyectar lo que una desea

Antes de las cartas probé otra cosa: metí toda la ropa y las pertenencias de mamá en cajas cerradas, al fondo del clóset, para no tener que verlas cada mañana. Pensé que así dolería menos. No funcionó. El impulso de buscarle sentido a cada cosa rara seguía ahí, cajas cerradas o no.

Aquí es donde me separo de lo que dicen varios videntes en internet. El tarot puede bloquear la propia intuición si una se acerca con la necesidad urgente de que las cartas confirmen que fue ella quien mandó tal señal. Ahí una empieza a ver solo lo que quiere ver, y eso cierra la puerta en vez de abrirla.

El mazo no trae mensajes por arte de magia. Lo que hace es callar un rato al ego. Si fuerzo a que una carta cualquiera signifique que mamá viaja conmigo, estoy usando la cabeza, no la intuición. Por eso ahora anoto primero la carta que salió y después lo que sentí en el cuerpo, sin apurarme a explicarlo.

Volcán Misti al atardecer con una carta de tarot terapéutico en primer plano, símbolo de señales del más allá

Aprender a no pedirle todo a las cartas

Ya no le pregunto al mazo por el futuro. Le pregunto por lo que ya sentí: por qué se me cerró la garganta al ver algo, por qué el escalofrío llegó justo ahí y no antes. Hace poco encontré una moneda en la vereda, sin razón para estar ahí, y en vez de decidir que era un mensaje, saqué una carta para ver qué emoción se movía en mí. A veces sale algo suave. A veces sale el Diez de Espadas, que es dolor sin adorno, y ese día duele igual que si no hubiera cartas de por medio.

Perpetua, mi compañera del primer curso de mediumnidad, me mandó hace poco un audio de diez minutos, podría haberme escrito tres líneas, preguntando si a mí también me pasaba que el mazo confirmaba cosas en vez de revelarlas. Le contesté que sí, casi siempre. Hace unas semanas Rosinda, una lectora de Arequipa, me escribió algo parecido; ella habla de su hijo con una calma tan directa que a veces me deja más quieta que si llorara.

Mano escribiendo en el cuaderno verde de duelo y sanación junto a una rosa seca y una taza de café

Duelo y sanación: una herramienta de paz, no de adivinación

Un viernes, saliendo del turno de noche, pasé frente al reloj de la pared del pasillo de la clínica y no sentí la urgencia de preguntarme nada. Lo vi, nomás. No supe si eso significaba que ya había sanado un poco o que simplemente estaba demasiado cansada para buscarle significado a las cosas. Las dos opciones me parecieron igual de válidas.

Sé que estas cosas no le hacen sentido a mi padre, que es católico y se preocuparía distinto si se lo contara con detalle. Tampoco busco convencer a nadie. El tarot terapéutico, para mí, no es prueba de nada: es un traductor personal para el olor a eucalipto que sube de la calle en las noches en que no logro dormir, para el peso raro que a veces se instala en el pecho sin razón clara.

A veces, mientras barajeo, me pregunto cómo saber si soy médium tras experimentar señales de un ser fallecido o si solo soy una hija que extraña demasiado a su madre. La etiqueta no cambia mucho lo que hago después: sigo en mis turnos, sigo anotando.

Diez semanas después de esa primera tirada en el Puente Grau, no tengo una respuesta cerrada sobre si esto es sanación real o una manera más organizada de extrañar a mamá. Pero si algo me llevo de este tramo es esto: no hace falta resolver la duda para que la práctica sirva. Sigo con mis turnos, sigo con el cuaderno verde, y cuando algo raro pasa, ya no exijo una explicación inmediata, dejo que el mazo me ayude a quedarme quieta con la pregunta un rato más.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.