Cuaderno de Señales

Interpretar señales de seres fallecidos en las nubes con ayuda del tarot

2026.08.20
Nubes sobre el volcán Misti interpretadas como señales del cielo con tarot terapéutico

El vapor de agua se condensa rápido a esta altura, y una nube puede cambiar de forma antes de que termines de mirarla. Ahí empezó todo esto para mí: buscando señales del cielo que se parecieran de algún modo a mamá, hasta que un día bajé la baraja de tarot terapéutico del estante, no para adivinar nada, sino para ponerle nombre a lo que sentía. No soy médium ni experta en duelo espiritual; soy técnica de enfermería, y aprendí a mirar el cuerpo antes que la mente, así que cuando el pecho se me aprieta frente a una nube, confío más en esa sensación que en cualquier explicación. El tarot se volvió mi forma particular de practicar la intuición personal sin tener que justificarla ante nadie.

Le pedí a mi hermana que se quedara a dormir los fines de semana más difíciles, pensando que la compañía llenaría el silencio de la casa. No funcionó del todo: el silencio seguía ahí a mitad de la noche, solo que entonces tenía que fingir que dormía para no preocuparla. Fue más o menos por esa época que empecé a anotar en mi cuaderno verde cualquier cosa que no supiera explicar — el reloj de la cocina que se cayó solo la mañana del santo de mamá sigue siendo la entrada que más discuto conmigo misma, aunque esa es otra historia que no voy a resolver aquí. Hay una pregunta que tampoco pretendo zanjar en esta entrada — cómo distinguir una señal real de lo que una simplemente necesita ver — pero me acompaña cada vez que miro para arriba.

La pareidolia y el peso de las señales del cielo en Arequipa

En el trabajo a veces hablamos de cómo el cerebro busca sentido en el caos. Existe un término para eso, pareidolia, y lo sé de memoria: es lo que nos hace ver caras en los enchufes o figuras en las manchas de humedad. Pero el duelo no siempre respeta la lógica. Durante las lluvias, las nubes tipo cúmulo aquí quedan tan definidas que parecen esculturas de sillar flotando, y es el escenario perfecto para que la mente — o lo que sea que busca a mamá — se ponga a trabajar horas extra.

Manos sosteniendo una carta de tarot frente al cielo nublado, ejercicio de intuición personal en Arequipa.

Mi hermana piensa que soy un poco práctica de menos cuando le cuento estas cosas. Mi padre, católico convencido, prefiere pensar que son asuntos de Dios. Una lectora de Arequipa, Rosinda Chuquihuanca, me escribió una vez preguntando si buscar señales contradecía su fe — ella reza con la misma firmeza de siempre y aun así jura que huele la loción de bebé de su hijo en cuartos donde él nunca entró. Para ella no hay contradicción, y cada vez que lo pienso, tampoco la encuentro yo. El tarot entró en mi rutina hace unos meses, cuando abrí el primer módulo de un curso online de mediumnidad, más que nada para averiguar si esto que me pasaba tenía nombre. Ahí conocí a Perpetua Flores, compañera de aquel módulo — ella cree con más firmeza que yo, pero nunca insiste, y algunos domingos me manda un audio preguntando si ya vi algo en el cielo. Fue ella quien me sugirió pensar esto como usar el tarot terapéutico para entender las señales en lugar de una búsqueda de pruebas.

Cómo uso el tarot terapéutico para traducir las formas efímeras

El proceso en sí es simple, casi un ejercicio de observación sin bata: miro la forma, respiro un momento antes de barajar — algo parecido a pedir claridad antes de empezar, nada elaborado — y luego saco una sola carta. Mezclo sintiendo el tacto frío del cartón plastificado, tan distinto a la piel, mientras a veces el olor a crema de rosas de mamá aparece sin que haya nadie más en el cuarto. No busco que la carta confirme que es ella. Busco entender por qué esa nube en particular me detuvo el pulso.

Después registro tres cosas en el cuaderno verde, sin adornos: la forma exacta de la nube, la carta que salió (me quedo casi siempre con los Arcanos Mayores, son veintidós y bastan para un mensaje claro) y la sensación física — casi siempre en el estómago — al ver ambas cosas juntas. Otras veces el símbolo no es una nube sino un colibrí que se queda quieto más tiempo del que debería, y sé que esa es una conversación distinta que otros en este espacio explican mejor que yo. Lo mío son las nubes, el mazo y el cuaderno.

Nubes blancas sobre el volcán Misti en una tarde despejada de Yanahuara, señales del cielo para el duelo espiritual.

Cuando la carta no tiene nada que ver con la nube

A veces saco El Loco frente a una nube que parece un rostro serio, y no hay manera de forzar que calcen. En esos momentos el cuaderno se llena de dudas más que de respuestas. Tal vez solo estoy proyectando la tristeza sobre el vapor de agua. Es una pregunta válida y no tengo forma de responderla del todo. No soy profesional de salud mental, soy técnica de enfermería, y por lo mismo sé que el duelo puede hacernos ver cosas donde tal vez no hay nada. Para mí, esto funciona más como una forma de conectar con la intuición personal que como una fuente de certezas, y no reemplaza hablar con alguien cuando el peso se vuelve demasiado. Si el dolor se hace insostenible o sientes que pierdes contacto con lo cotidiano, un psicólogo ayuda de una forma que ninguna carta puede.

Forzar una interpretación apaga la intuición personal

Aquí es donde mi manera de leer difiere de lo que a veces circula por ahí: la idea de que cada nube tiene un significado fijo, como si hubiera un diccionario universal de formas. No creo que funcione así. Cuando siento que "tengo" que hacer que una carta signifique algo bueno, probablemente me estoy mintiendo un poco. Las señales, si es que lo son, no se empujan — se quedan quietas hasta que una las nota. Hace doce semanas empecé a notar algo distinto en mí: crucé el pasillo de especias y hierbas del mercado central de la Calle San Juan de Dios sin detenerme en el puesto donde mamá siempre compraba anís, y seguí caminando hacia la salida. No supe si eso era una señal de que algo había sanado o simplemente un día con prisa. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez.

Cuaderno verde de notas, crema de rosas y la carta de La Estrella, ritual personal de tarot terapéutico.

Un mazo, un cuaderno y una pregunta sin cerrar

Los Arcanos son cartón impreso si no les pongo el corazón encima, y las nubes son solo agua si no les pongo la memoria. Juntas arman un lenguaje que me deja sentir a mamá cerca sin sentir que pierdo la cabeza. La entrada de ayer en el cuaderno dice que el cielo estaba despejado, que saqué El Mundo, y que el silencio de la casa esa tarde no se sintió vacío — a veces pienso en qué significa soñar con un ser querido y que no hable, como si el silencio fuera, a su manera, otro idioma. Le mandé un audio a Perpetua contándoselo; ella respondió con uno más largo del que esperaba, como siempre, sin insistir en que le diera un significado.

No necesito que nadie me explique que las nubes son vapor. Ya lo sé. Cruzar ese pasillo del mercado sin detenerme no cerró nada, pero tampoco necesitaba cerrarlo — a veces basta con notar la diferencia sin pedirle un nombre. Guardo el mazo, cierro el cuaderno verde, y por un momento dejo de pedirle a la lógica que gane la discusión.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.