Cuaderno de Señales

Qué significa ver orbes en fotos después de perder a un familiar

2026.08.17
Qué significa ver orbes en fotos después de perder a un familiar: esfera de luz sobre el hombro en una foto de duelo

No tengo una respuesta cerrada a qué se supone que una tiene que sentir cuando limpia el lente del celular, saca la misma foto tres veces y el punto de luz sigue apareciendo solo sobre el hombro de mamá, pero esto es lo más cerca que he llegado a entender qué significan los orbes en fotos como posibles señales del más allá en medio de un duelo. Vi la esfera blanca por primera vez sobre su hombro derecho, en una imagen de su último cumpleaños, antes de que el cáncer de páncreas se la llevara a inicios de 2021. No había flash en esa foto, ni vidrio cerca, ni reflejo posible.

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La respuesta corta sobre los orbes en fotos: casi siempre es una de dos cosas

Después de meses mirando estas fotos, la respuesta a la que llegué es simple aunque no del todo satisfactoria: un orbe es polvo iluminado por el flash, o es un punto de luz que decidí leer como señal porque apareció en el momento exacto en que lo necesitaba. La física explica el primero. El segundo no se explica, se siente. Y la diferencia entre uno y otro no está en el tamaño de la esfera ni en su color, sino en dos cosas concretas: si hubo flash cerca de polvo en el aire, y qué sentías en el cuerpo cuando apretaste el botón.

Pantalla de celular mostrando un orbe de luz blanca en una fotografía familiar antigua, una posible señal del más allá

En el cuaderno verde, donde anoto estas cosas desde que ella se fue, escribí la fecha y me pregunté si ese círculo de luz era su forma de decirme que seguía cuidándome el hombro, como hacía cuando se paraba detrás de mí en la cocina. Mi formación técnica me hacía dudar de inmediato. Medium Certificado + Avanzado fue el curso que más me ayudó, después, a separar la paja del trigo en este tipo de fotos, pero esa primera noche solo era yo con un píxel brillante y ninguna certeza.

Primero, la prueba del polvo

La primera vez que vi el punto de luz sobre el hombro de mamá, mi lado técnico —el mismo que revisa signos vitales en la clínica— quiso descartar lo obvio antes que nada. Limpié el lente con un paño de microfibra. Tomé fotos del mismo rincón vacío del departamento: nada. Sacudí un cojín viejo para levantar polvo y disparé con flash, y aparecieron veintitantas esferas grises, planas, transparentes, repartidas por toda la imagen. Eso es retrodispersión: la luz del flash rebotando en partículas fuera de foco, ni más ni menos.

El orbe de la foto de mamá no se parecía a esos. No era gris ni plano, tenía una especie de densidad, como si la luz saliera de adentro en vez de rebotar desde afuera. No había flash cerca ni polvo removido segundos antes. Ahí quedó mi primera pista técnica: si el orbe solo aparece con flash y polvo en el aire, es backscatter y punto. Si aparece en luz natural, sin flash, sin que hayas movido nada, ya no tengo una explicación física que me convenza del todo.

Anotaciones manuscritas sobre orbes en fotos y señales del más allá en un cuaderno verde de lino

En la clínica, cuando un paciente dice que siente una presencia en la habitación, casi siempre lo anotamos como desorientación. Después de perder a mamá empecé a dudar un poco de esa costumbre: hay una opresión suave en el pecho que ningún tensiómetro registra, y que a mí me ha servido más para leer estas fotos que cualquier manual de cámara. A eso le llamo, sin mucha ciencia, entender sensaciones físicas antes de decidir si algo cuenta como señal.

Le mostré la foto a Azucena, mi compañera de tantos turnos de noche en la clínica, y ella soltó esa risa suya, repentina, que corta cualquier silencio pesado, y me dijo, ya pues Inés, tómale otra antes de que se vaya la luz. A veces eso ayuda más que cualquier explicación.

Por qué el cerebro rellena lo que falta

Antes de llegar a esa conclusión pasé por la pareidolia, esa costumbre del cerebro de armar caras y figuras donde solo hay manchas o sombras fuera de foco. Vi el término por primera vez en un módulo de curso que empecé a ver saliendo de un turno de noche, y me dolió un poco reconocerlo: capaz solo estaba armando una figura donde había luz mal enfocada, capaz solo extrañaba a mi mamá y mi cerebro me estaba dando justo eso.

Un compañero de curso, contador de profesión y nada esotérico, contó que le pasaba lo mismo desde el funeral de su papá, y eso ayudó. No hizo que el orbe fuera más real. Hizo que dudar de él fuera menos solitario, y para mí esto también es, en el fondo, una forma de buscar comunicación con seres queridos que ya no están, aunque el lado técnico de mi cabeza tironee siempre para el otro lado.

Partículas de polvo flotando en un rayo de sol, el efecto que a veces se confunde con orbes en fotos

Antes de abrir la galería, bajo el ritmo un momento

Con el tiempo empecé a hacer algo simple antes de mirar fotos que sospecho que van a remover algo: me siento un rato con la ventana del patio interior de fondo, respiro, y recién ahí abro la galería. No es un ritual con velas ni nada elaborado, pero sí es un gesto espiritual pequeño, casi mecánico. Otras veces salgo al balcón de hierro forjado —el que cruje apenas apoyo el codo— y miro el Misti dos minutos antes de decidir si guardo la imagen o la borro.

Uso para esto algo de lo que aprendí en el Taller de Ángeles, que fue el primer curso que probé y que me dejó una pregunta simple: ¿esta luz me da paz o me da ansiedad? Si me da paz, la anoto en el cuaderno verde. Si me hace dudar obsesivamente, la borro y sigo. Si quieres ir un poco más allá de eso, lo que a mí me sirvió fue buscar un certificado de mediumnidad avanzado, no por el cartón, sino por las horas de práctica con gente que no te mira raro cuando cuentas lo del orbe.

Lo que el cuaderno verde no resuelve

Fui a misa todos los domingos, como hace mi papá, pensando que eso me iba a ordenar algo por dentro. No fue así, o no del todo. Él es católico y estas fotos con orbes no le hacen ninguna gracia, así que el cuaderno verde vive aparte de esa parte de mi vida, y ahí se queda.

Hay una entrada de hace poco que releo seguido: eran las once de la noche, había terminado de escribir la fecha en el cuaderno, y me di cuenta de que por primera vez en mucho tiempo no había llorado escribiéndola. Ni una lágrima. Eso también lo anoté, aunque no supiera bien qué hacer con esa información.

Mano tocando una fotografía antigua de una madre frente a una ventana, un gesto de comunicación con seres queridos

Hace poco, una tarde de llovizna, subí al mirador de Yanahuara, ese de los arcos de sillar que enmarcan el Misti, y me senté en el banco donde ella se sentaba con su café. Tomé una foto del volcán entre nubes y ahí estaba otra vez, un orbe pequeño y azulado cerca del borde. Esta vez no corrí a limpiar el lente. Cerré los ojos un segundo y sentí el olor de su crema de manos de lavanda, nítido, como si viniera del aire y no solo de la memoria. ¿Señal o proyección? Sigo sin saberlo, y ya no me urge tanto la respuesta.

Unas semanas atrás me escribió Clarita Villafuerte, una lectora de Oaxaca, preguntando algo parecido sobre una foto de su papá. Cerró el mensaje, como hace siempre, con una pregunta que dejó sin responder: ¿y si son ellos tratando de decirnos que están bien? No tengo esa respuesta, ni para ella ni para mí. Lo que sí puedo decir es que empezar a notar las señales con calma, sin cámara en mano, suele enseñar más que perseguir un punto de luz en la pantalla.

Si de verdad quieres ponerle estructura a esto —dejar de dudar de cada punto de luz sin perder el sentido crítico— el curso Medium Certificado + Avanzado es el que a mí me dio ese empujón para confiar un poco más en lo que ya venía notando sola. No resuelve la pregunta del orbe. Ayuda a sostenerla mejor.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.