Cuaderno de Señales

Qué significa sentir un abrazo o caricia de un ser fallecido

2026.10.05
Qué significa sentir un abrazo o caricia de un ser fallecido — señales de duelo y clarisensibilidad

A 2335 metros sobre el nivel del mar el aire entra distinto en el pecho, y aun así lo que sentí esa tarde en el hombro derecho no tuvo nada que ver con la altura. Estaba doblando las sábanas de algodón que a mamá le gustaba almidonar cuando llegó un peso cálido, justo donde ella apoyaba la mano cuando quería decirme que ya estaba bueno de trabajar tanto. Volteé a mirar, como siempre, aunque ya sé que ahí no hay nadie con mandil de flores esperando. Es parte de lo que en este cuaderno llamo duelo y señales: ese instante en que el cuerpo reacciona antes de que la cabeza alcance a dudar.

Antes de seguir, ya pues, una aclaración que me gusta poner primero. Este cuaderno digital tiene enlaces de afiliados a Hotmart: si te matriculas en algún curso a través de ellos, a mí me llega una comisión y a ti no te cuesta nada extra. Solo recomiendo con mi nombre lo que yo misma cursé; lo que apenas ojeé lo digo aparte, sin vestirlo de recomendación. Esto es mi diario pasado a limpio, no un manual de espiritualidad práctica.

Peso o temperatura: dos maneras en que llega la clarisensibilidad

En mis años como auxiliar de enfermería he visto lo que el cansancio extremo le hace a la mente, y sé reconocer una alucinación de duelo cuando la tengo enfrente, nos lo explican en cualquier turno, que el cerebro intenta llenar el vacío de la ausencia, a veces hasta con delirios completos. Pero el peso de esa tarde no se sentía como un espasmo ni como el agotamiento de un turno de noche. Tenía esa densidad concreta que distingues en el hospital entre el toque accidental de un compañero y el toque de alguien que busca consuelo.

La diferencia, para mí, está en si el cuerpo pide algo o si solo lo recibe. Cuando el peso llega mientras tengo las manos ocupadas (doblando ropa, lavando platos, cambiando sábanas en la clínica) lo anoto como posible señal. Cuando llega después de que lo pedí con los ojos cerrados, sentada, exigiéndolo, lo anoto distinto: como el cuerpo cansado cumpliendo un deseo. Esa regla no la saqué de ningún módulo; la fui armando a fuerza de comparar entradas en el cuaderno verde.

Luz cálida sobre el hombro de una mujer, sensación de peso asociada a clarisensibilidad en el duelo.

El calor funciona distinto. Una vez, en diciembre, sentí una oleada que empezó en la base del cuello y bajó por los brazos dejándome la piel de gallina en un patrón parejo, como si alguien hubiera trazado líneas con los dedos. No había corriente de aire ni estufa encendida. Esa calidez específica, la que te da alguien que de verdad te quiere bien, no cualquier abrazo, es la que más me cuesta explicarle a mi hermana sin que se preocupe.

¿Cuándo manda la clínica y cuándo manda el cuaderno verde?

Pasé un tiempo tratando de explicarlo con mis propios libros de medicina, diciéndome que era el cansancio, que era la falta de sueño. Pero hay madrugadas que no entran en ningún gráfico de signos vitales. Una vez, cerca de las cuatro, salí al pasillo sin medias y el frío de las baldosas se me subió por los pies antes de que notara el olor: crema de manos Nivea, la del tarro azul que usaba mamá, mezclada con café recién pasado. No había café en mi cocina esa noche. Yo no uso esa crema.

Crema de manos y café humeante, señales sensoriales de duelo asociadas a un ser fallecido.

Fue buscando una explicación distinta que me matriculé en el Medium Certificado + Avanzado. No me convenció el nombre (que es del vendedor, ya lo sé), sino que ofrecía una comunidad para hablar de esto sin que te miren raro. En ese foro, Edelmira, otra participante, me preguntó una vez algo que me costó responder: ¿cómo sé que esto no es solo mi cuerpo recordando el peso de un abrazo real? Todavía no tengo una respuesta cerrada para eso.

Los módulos los fui viendo entre turnos, con el cuaderno verde abierto en la mesa, anotando la diferencia entre una proyección mental y una manifestación sensorial real. Es de los primeros puntos que toca cualquier curso de mediumnidad para principiantes, y el único que de verdad me sirvió: que un cuaderno de señales solo funciona si lo llenas sin querer probarle nada a nadie, ni siquiera a uno mismo.

Lo que no funcionó: los libros del velorio

En el velorio de mamá me regalaron varios libros sobre duelo, de esos que aparecen en cualquier lista recomendada. Los empecé todos esos primeros días, con la mejor intención, y no terminé ninguno. Me quedaba a mitad de un capítulo sobre las etapas del duelo y cerraba el libro con la sensación de que estaba leyendo sobre otra persona, no sobre mí. Terminé guardándolos en la estantería metálica del cuarto, junto a las cajas marcadas con rotulador negro que ya ni recuerdo qué contienen, y volviendo al cuaderno en blanco en su lugar.

Computadora con un curso de mediumnidad para principiantes junto a un cuaderno verde de notas.

Esto no se persigue, ya pues. Si alguna vez has sentido sombras rápidas por el rabillo del ojo, sabrás que entre más la buscas con los ojos bien abiertos, menos vuelve a aparecer. Pasa igual con el peso en el hombro: ocurre en los huecos de la rutina, nunca cuando le construyes un muro de expectativas esperando que llegue.

Otras veces la señal no es un contacto directo sino un objeto fuera de lugar, como encontrar piedras con forma de corazón justo cuando estás pensando en alguien. Lo pongo en la misma categoría que el peso y el calor: distinto canal, misma pregunta sin resolver de si es señal o es que mi cabeza anda buscando patrones en todo.

Una advertencia que no puedo saltarme: duelo y salud mental

Aquí me pongo la casaca de la clínica. Sentir la presencia de alguien fallecido puede ser un consuelo enorme, pero también una trampa si no estás bien. Existe el duelo patológico, y si estas sensaciones te impiden seguir con tu vida (si dejas de comer, de salir, de dormir por quedarte esperando un abrazo que no llega, o si te generan terror en lugar de calma) ahí ya no hablamos de clarisensibilidad, hablamos de pedir ayuda profesional.

Vista del volcán Misti desde un balcón en Yanahuara, Arequipa, símbolo de espiritualidad práctica.

No soy psicóloga ni terapeuta, soy una enfermera que extraña a su mamá. Antes del Medium Certificado probé el Taller de Ángeles, que estuvo bien para ponerle nombre a algunas señales, pero no toca directamente esa pregunta de si es real o es proyección, y tampoco reemplaza una terapia si lo que hay debajo es una depresión.

He visto en la clínica a personas hundirse en la negación por aferrarse a una señal para no aceptar que alguien murió. La espiritualidad práctica debería ser un puente, no un escondite. Si sientes que el dolor te supera, habla con un médico o con un consejero de duelo. El cuaderno verde acompaña, no reemplaza eso.

¿Cómo decido qué anotar como señal?

La vida sigue entre medio de todo esto, boba y concreta. Don Teófilo, el vecino del cuarto piso, toca la puerta de vez en cuando a preguntar si ya le ayudé a ordenar los libros de su sala, se lo prometí hace tiempo y todavía no cumplo. Esas visitas cortas, sin nada que ver con el Misti ni con cuadernos verdes, también son parte de seguir adelante.

Después de trabajar los módulos del Medium Certificado + Avanzado hasta el final, la respuesta que me quedó no es técnica. Significa que el cariño no tiene un interruptor de apagado, que aunque el cuerpo de mamá ya no esté, algo de esa energía sigue encontrando una forma física de llegarme.

En el Mirador de Yanahuara, el mirador de los arcos de sillar que da al Misti, paro algunas tardes después del turno, con el cuaderno verde en la cartera aunque casi nunca lo abro ahí mismo. Una de esas tardes sentí una presión fuerte en la mano derecha, como si alguien la apretara, sin que hubiera nadie cerca capaz de hacerlo. No corrí a anotarlo frente al volcán. Esa noche sí lo escribí, ya pasadas las once, y me di cuenta mientras cerraba el cuaderno de que esa entrada, a diferencia de tantas otras, me había salido seca, sin una sola lágrima.

Mano apoyada sobre un cuaderno verde de lino con anotaciones sobre duelo y señales.

La regla que uso para mi propio cuaderno es simple, y no busca convencer a nadie más. Si la sensación llega en reposo, sin que la haya buscado, y me deja en calma, la anoto como señal posible, no comprobada, pero señal. Si llega después de forzarla, de pedirla con desesperación, si me deja más asustada que tranquila, o si empieza a quitarme horas de sueño o ganas de salir, ahí me pongo la bata de la clínica, dejo de analizarlo sola, y busco ayuda si hace falta.

Si tienes curiosidad por algo más visual y menos directo, hay quienes empiezan por el Curso del Tarot, aunque para mí el contacto sensorial siempre va a pesar más que cualquier carta. Lo que sí te puedo decir, sin receta ni certificado de por medio, es que no necesitas probarle nada a nadie sobre ese peso en el hombro o ese calor que no tiene explicación. Si te ayuda a seguir doblando la ropa, a seguir yendo a tu turno, a seguir adelante, para efectos de tu cuaderno, ya es suficiente.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.