Cuaderno de Señales

Tirada de tarot para comunicarse con fallecidos y entender sus mensajes

2026.10.20
Tirada de tarot para comunicación con fallecidos y señales de duelo: cartas sobre la mesa

Corto la baraja de tarot en tres montones sobre la mesa de la cocina y, antes de voltear nada, ya sé qué tirada va a salir de ahí: la de posiciones fijas que aprendí a organizar, o la carta suelta que saco sin pedirle nada en concreto. Llevo cinco años alternando entre las dos cuando el duelo por mamá se pone denso, y todavía no tengo clara la respuesta a la pregunta que más se repite en mi cuaderno verde: ¿cuál de las dos tiradas se acerca más a una comunicación espiritual real, y cuál se parece más a mi necesidad de inventarme una señal? No me interesa adivinar el futuro, de eso ya me curé hace tiempo. Lo que busco es un lenguaje para algo que ningún informe de la clínica sabe nombrar, algo que tiene más que ver con la intuición que con la lógica.

Los libros de duelo que me regalaron en el velorio se quedaron a medio leer, apilados en la repisa durante meses, ninguno explicaba qué hacer con un olor que aparece sin que nadie lo haya puesto ahí, o con una carta que de repente dice justo lo que necesitabas escuchar. Catorce años cuidando cuerpos ajenos me enseñaron a reconocer el dolor físico, pero no este otro, el que no sale en ningún examen de sangre. Por eso, cuando dejé esos libros sin terminar, volví al mazo que había comprado por curiosidad el año anterior, sin saber todavía que terminaría siendo mi manera de ordenar la pena, no de resolverla.

Dos tiradas, dos maneras de pedir una señal

Aprendí la primera versión, la de posiciones fijas, en un curso de tarot que tomé buscando estructura más que respuestas. Cuatro lugares sobre la mesa: uno para lo que todavía me une a ella, uno para lo que necesito notar y no lo que quiero oír, uno para el bloqueo que mi propio dolor no me deja ver, y uno para una señal de calma, sin pretender que sea más que eso. La segunda versión no tiene estructura ninguna: saco una sola carta, sin preguntar nada, y dejo que diga lo que tenga que decir. Son dos lenguajes distintos para el mismo silencio de la cocina después de un turno largo.

Manos barajando una baraja de tarot antes de decidir qué tirada hacer durante el duelo

A veces, el tarot funciona menos como oráculo y más como espejo de lo que ya sabemos pero no nos atrevemos a admitir, ni siquiera frente al cuaderno verde. Para potenciar la sensibilidad espiritual para percibir señales claras, lo que me ha servido no es forzar nada, sino quedarme quieta el tiempo que haga falta antes de voltear la primera carta, con posiciones fijas o sin ellas.

¿Qué exige la tirada de tarot con posiciones fijas antes de voltear la primera carta?

Esta tirada exige nombrar las cosas antes de empezar. Me siento, pienso en lo que me vincula a mamá hoy, en lo que necesito notar en vez de lo que quiero oír, en el bloqueo que mi propia pena no me deja ver, y recién ahí volteo. Cuando sale una carta como El Mundo o La Estrella en la última posición, el cuaderno verde lo registra como un momento de calma, nunca como un mensaje cerrado, porque no sé si lo es.

Tirada de tarot con posiciones fijas junto al cuaderno verde donde anoto cada señal

Lo que más me costó aceptar es que cuanto más específica es la pregunta, menos clara sale la respuesta. Pedirle a la tirada que me diga si mamá está en paz, por ejemplo, casi siempre termina en una carta ambigua que interpreto para los dos lados. Pedirle, en cambio, que me muestre qué estoy cargando esta semana sin nombrar a nadie, suele darme algo que puedo usar de verdad.

Una sola carta, sin pregunta, sin posición

La segunda tirada no tiene libreto. Corto el mazo, saco la carta de arriba, y ya. Ninguna posición que le diga qué significa, ninguna pregunta que la condicione de antemano. Hace poco escribí sobre el significado de sentir olor a comida de un familiar fallecido en la cocina, porque me pasó algo parecido con esta tirada: saqué una carta sin pedir nada y el dibujo me llevó directo a un hábito suyo que ni siquiera sabía que todavía cargaba.

Una madrugada me levanté por el olor de su crema de manos en el pasillo, tan real que me quedé parada ahí, sin moverme, antes de volver a la cama; lo anoté en el cuaderno verde tal cual, sin ponerle nombre todavía, y seguí durmiendo. La carta suelta se parece a eso, aparece sin que la llame, y por eso mismo me cuesta menos sospechar que me la estoy inventando yo misma.

El foro del curso de tarot cataloga las señales de otra manera

En el foro del curso hay una compañera, Edelmira, psicóloga jubilada, que entró por pura curiosidad profesional y se quedó por otra razón. Ella anota las dinámicas del grupo casi como si siguiera tomando notas clínicas, y una vez me dijo que encontró más honestidad sobre la incertidumbre ahí que en años de trabajo. Leyendo sus comentarios y los de otras personas del foro, entiendo que cada una tiene su propio catálogo de señales, distinto del mío, y que para muchas el tarot es solo la herramienta que les tocó, igual que a otra le toca un péndulo o una vela.

Una compañera anota cada señal en una libreta aparte apenas la nota, antes de siquiera analizarla. Otra sueña con su padre en el mismo sitio, noche tras noche, sin que el escenario cambie nunca. A alguien se le aparece el perfume exacto de su abuela al entrar a una habitación vacía, y a otra se le cae un portarretrato de la pared justo el día del cumpleaños de su hijo. Hay quien le pide, en voz alta, una señal concreta antes de dormir, y se queda despierta esperando, y hay quien jura haber visto una sombra rápida por el rabillo del ojo al cruzar el pasillo de su propia casa.

Otra persona del foro escucha que la llaman por su nombre en la cocina vacía, sin que nadie en la casa lo haya hecho. A una se le enciende sola la radio, siempre a la misma hora de la noche; otra ve la misma hora repetida en el reloj cada vez que piensa en su hermano. Alguien manda capturas con manchas de luz redondas y pregunta si eso cuenta como prueba. Una más dice que un colibrí aparece cada vez que piensa demasiado en su padre, aunque viva en un piso doce sin una sola planta. Y hay quien no se sienta a tirar las cartas sin cerrar los ojos un rato largo antes, como si eso bastara para protegerse de lo que sea que vaya a salir.

Mi padre, católico de toda la vida, seguiría prefiriendo el rosario antes que cualquier carta, y no se lo discuto. En el foro, una prefiere hablar de ángeles en vez de hablar directamente de su madre, dice que así duele menos nombrarla. Otra lo siente como un hormigueo que le sube siempre por el mismo brazo, antes de que pase nada.

Hay un debate que vuelve cada tanto en ese foro: si vale la pena pagar por una certificación más avanzada o si esto, en el fondo, se aprende sola, a fuerza de repetirlo. La mayoría entró al curso de mediumnidad sin saber muy bien qué buscaba, solo para ver si lo que sentía tenía nombre en boca de alguien más, igual que yo.

Al bajar por las escaleras con el mazo todavía en la mano, me encontré a Teófilo, el vecino del cuarto piso, que me preguntó despacio, eligiendo cada palabra como hace siempre, si esa baraja era la misma de la que le había hablado antes. Le dije que sí, que seguía siendo la misma, y él asintió sin apurarse, como quien ya sabe que estas cosas no se explican rápido.

Esa tarde había vuelto caminando por las callejuelas pintadas de naranja y rojo cerca del Monasterio de Santa Catalina, más lento de lo normal, pensando en cuál de las dos tiradas me tocaba esa noche. No sé si caminar por ahí me pone en otro estado o si simplemente me gusta el color de esas paredes contra la luz de la tarde, pero casi siempre que paso por esas calles termino decidiendo la tirada antes de llegar a la cocina.

Una carta de tarot al atardecer, el cierre de la tirada del día

Elijo una tirada u otra según lo que esté cargando esa semana

Cuando cargo algo puntual, una fecha, una discusión que no tuve con ella antes de que se fuera, una decisión que todavía no sé si tomar, elijo la tirada de posiciones fijas, porque necesito que algo me organice el caos antes de interpretarlo. Cuando no cargo nada puntual, cuando solo quiero estar cerca de ella sin pedirle nada específico, saco la carta suelta, porque ahí la sorpresa pesa más que la estructura, y se parece menos a algo que yo misma fabriqué para sentirme acompañada.

Ninguna de las dos tiradas me dice si mamá está, de verdad, del otro lado escuchando. Lo que sí hacen, cada una a su manera, es darme un rato en el que el silencio de la cocina deja de sentirse tan vacío. Eso lo anoto en el cuaderno verde sin resolver la duda, porque a estas alturas ya entendí que la duda es parte del ejercicio, y no un error que tengo que corregir.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.