Cuaderno de Señales

Cómo utilizar el tarot para interpretar las señales que hemos notado

2026.10.08
Tarot terapéutico y diario de intuición para interpretar señales de duelo

En la clínica, un signo vital no admite dos lecturas; en el cuaderno verde, casi todas las señales admiten las dos. Llevo meses, en realidad llevo los cinco años desde que murió mamá, tratando de usar el tarot terapéutico como un punto medio entre esas dos certezas, algo que me ayude a interpretar una señal de duelo sin la exactitud de un monitor y sin la vaguedad de solo "sentir algo". No sé todavía si lo que anoto cada noche es una señal real o mi propia necesidad de encontrarle sentido al silencio que dejó ella, pero el diario de intuición sigue abierto, y las cartas, desde hace unas semanas, se han vuelto parte de cómo trato de leerlo.

Lo que hago con todas estas señales que anoto

Después de la muerte de mamá anoté todo sin ningún orden: el reloj que se detuvo justo el día de su santo, un sueño que insistía en repetirse, un olor que no tenía por qué estar ahí. Ya pues, pensaba, otra cosa que no puedo explicar. Pero acumular señales sin saber qué hacer con ellas se parecía a guardar piezas de un rompecabezas sin la imagen de la caja —tenía datos, no tenía una manera de leerlos—. Mi hermana, tan práctica, me hubiera dicho que estaba buscando patrones donde solo hay coincidencia; mi papá, capaz, me hubiera mandado derecho a confesarme por meterme en temas que él prefiere dejar en manos del cura de su parroquia.

Cuaderno de tela verde, diario de intuición, sobre una superficie de sillar blanco

Fue en enero, después de mucho dudarlo, cuando abrí esa pestaña de Hotmart que tenía guardada hacía meses. Me inscribí en un curso de tarot —no para volverme adivina ni para armar un consultorio, sino porque necesitaba un alfabeto distinto para ese cuaderno—. No lo hice tampoco buscando un papel que me certificara en nada; quería entender si lo que vivía le pasaba a alguien más. En los primeros módulos entendí algo que me alivió: el tarot, para alguien que trabaja entre turnos de enfermería y un duelo silencioso, no tiene por qué ser una bola de cristal para adivinar el futuro. Puede ser, simplemente, un sistema de símbolos que deja hablar un poco más claro al subconsciente.

Un alfabeto nuevo para el cuaderno verde

No empecé a sacar cartas para "llamar" a mamá. Las empecé a sacar para preguntarle algo a mi propia intuición sobre lo que ya había anotado —una manera más de escucharme, no una técnica aparte que tuviera que dominar—. Si el reloj de la cocina volvía a detenerse a la hora de su santo, sacaba una carta: no buscaba una voz del más allá, buscaba qué imagen salía y qué me hacía sentir esa imagen. A veces lo que sentí al ver sombras rápidas por el rabillo del ojo durante un turno de noche encontraba una lectura más tranquila al salir una carta que hablaba de protección, o simplemente de cansancio acumulado.

Manos barajando cartas de tarot terapéutico sobre una mesa de madera en Arequipa

Hace poco se lo conté a Azucena, mi compañera de tantos turnos en la clínica, mientras tomábamos el café entre una ronda y otra. Escuchó todo sin soltar una palabra de más —ella guarda un secreto con una seriedad que no todos tienen, y no me hizo ninguna de las preguntas que me hubiera hecho otra persona—. Anotar cada cosa en el cuaderno, aparte de lo que haga después con las cartas, ya me había ordenado algo por su cuenta; sigo sin saber si esto cuenta como señal real o como mi mente buscando consuelo donde puede, y esa pregunta, la verdad, no se cierra con una carta ni con nada.

La Luna coincide con el sueño del banco

La tercera vez que soñé con ella en ese banco del Mirador no se movió hasta que la imagen misma se apagó, quieta de un modo en que no había estado quieta las dos veces anteriores. Me desperté con la misma pregunta de siempre: ¿qué me querrá decir? En lugar de darle vueltas sola, saqué el mazo. Salió La Luna. En el tarot, La Luna habla de lo oculto, de los sueños, de las emociones que no acabamos de procesar. No es que ella me estuviera mandando un mensaje cifrado sobre el futuro; es que mi propio dolor estaba "estacionado" en ese banco, y la carta me servía de espejo, no de oráculo.

La carta de La Luna del tarot, usada para interpretar una señal de duelo

Si alguien siente que el duelo la está sobrepasando, lo que ayuda de verdad es hablar con un profesional —un psicólogo, un grupo de apoyo, alguien con la formación que yo no tengo—. El tarot es solo un apoyo para pensar, no un reemplazo de nada de eso. A veces, cuando veo qué significa ver mariquitas de forma recurrente tras una pérdida familiar mientras camino por la Plaza de Armas, frente a la Catedral de sillar blanco, saco una tirada simple de tres cartas —pasado, presente, futuro— para ver si esa señal me pide paciencia, un cambio, o solo silencio.

El tarot terapéutico no es para preguntarlo todo

Hubo una semana en la que sacaba cartas por cualquier cosa: si se me caía una cuchara, si el café salía amargo, si un paciente me decía algo raro camino a su cuarto. Ahí entendí algo que el curso también mencionaba: convertir cada carta en una revelación obligada termina bloqueando la intuición en vez de aclararla. Antes había probado otra ruta, la de ir a misa todos los domingos como hacía mi papá, esperando que esa rutina me calmara la ansiedad de no saber qué hacer con lo que notaba —y no es que no ayudara en nada, pero no tocaba la pregunta puntual que tenía enfrente cada vez que pasaba algo raro en la cocina—.

Vista del volcán Misti desde Yanahuara, junto al cuaderno verde de diario de intuición

La respuesta a una carta no siempre llega mientras barajas; a veces llega tres días después, caminando, al ver la luz de la tarde pegar en una ventana de alguna manera particular. Para la quinta semana de sacar una carta después de cada señal que anotaba, dejé de necesitar que la respuesta fuera inmediata —dejé también de perseguir las señales como pistas de un caso, y empecé a recibirlas más como quien recibe una visita que no tiene prisa—. Una lectora de Oaxaca, Clarita Villafuerte, me escribió hace un tiempo contándome algo parecido; nunca me ha dicho si cree en todo esto y yo tampoco se lo he preguntado, pero nos seguimos escribiendo cada tanto.

Tres cartas frente a la Catedral, los domingos

Un domingo llevé el mazo a la Plaza de Armas. Me senté en una banca con vista a la Catedral de sillar blanco, barajé sin ceremonia y saqué tres cartas para ver cómo estaba, de verdad, con la ausencia de mamá. Esa costumbre me ha dado una calma que no tenía en 2021, cuando todo esto era nuevo y cada señal me desarmaba. Mi papá seguiría prefiriendo que resolviera esta inquietud en la iglesia, y entiendo esa tensión entre su fe y lo que hago yo con las cartas, aunque no tengo intención de resolverla acá ni en ningún otro lado.

Tirada de tres cartas de tarot terapéutico, interpretación de señales de duelo

Cierro el cuaderno verde y guardo las cartas en su bolsita de tela. El Misti sigue ahí, a veces tapado por las nubes, siempre igual. Sigo yo también, con mis turnos y mis dudas, con una herramienta que no me dice si lo que noto es ella o es solo duelo buscando dónde posarse —pero que al menos me da un lugar donde hacerme la pregunta con calma, carta por carta.

Tenga en cuenta: Comparto lo que he aprendido a través de la experiencia, pero no soy médico, abogado ni planificador financiero. Este contenido no reemplaza el asesoramiento profesional. Habla con un experto cualificado antes de tomar decisiones importantes.